Review Far Cry 5: el lado más caótico de Estados Unidos

Far Cry 5 finalmente está entre nosotros y nos lleva a lo más recóndito del medio oeste estadounidense para enfrentarnos a un peligroso culto que se extiende por todo un valle. Lo jugamos y te contamos todo, ¡en esta nota!

Far Cry 5 llegó a PlayStation 4, PC, y Xbox One para renovar la franquicia con una propuesta que toma lugar en el corazón de Estados Unidos. En una nueva entrega (que sus creadores de Ubisoft juran y recontrajuran que no es política) podremos recorrer Hope County, Montana, y enfrentarnos a un grupo de cultistas que tomaron todo un valle. Esta vez los enemigos no son nativos de ningún lado, sino que la acción toma lugar en el patio trasero de una sociedad occidental, con enemigos blancos que aman sus armas, a Dios y un concepto de libertad totalmente equivocado.

Far Cry 5 continúa la tradición de la serie de presentarnos a un grupo de aliados y amigos con quienes perdemos contacto en los primeros minutos del juego, y a quienes deberemos reencontrar y rescatar. Esta vez seremos un agente de gobierno que tiene la tarea de encontrar al Padre Joseph Seed, líder de un culto llamado Project at Eden’s Gate. Cuando el juego arranca, nuestros héroes intentan arrestarlo en una secuencia tensa que concluye con su eventual escape, y nosotros separados de nuestros aliados. Ahí nos enteramos que no será tan sencillo ocuparse del asunto, y que el modo de liberar el valle es realizar misiones para ayudar a la Resistencia a recuperar su tierra por la fuerza.

La secuencia de inicio del juego te puede llegar a recordar un poco a Resident Evil 4, con su tono oscuro, fanáticos religiosos, y momentos desesperados. El tono es fantástico y la tensión se palpa en el aire. Sin embargo, tras superar el primer par de misiones, nos damos cuenta que Far Cry 5 sigue fiel al espíritu de la saga, y que en realidad el juego se trata de recorrer el mapa para realizar todo tipo de actividades mientras desatamos el caos. Al tomar las armas, explosivos, y vehículos de nuestros enemigos deberemos derrumbar estructuras pertenecientes al culto, rescatar rehenes y recuperar puntos estratégicos en un juego donde el caos libre es el que le marca el ritmo a la aventura.

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Far Cry 5 no tiene un modo historia lineal sino que deberemos tomar tres territorios, donde más misiones se desbloquearán a medida que más ayudemos a la resistencia para eventualmente desbloquear la misión final. Todo se puede manejar en el orden que quieras, y no hay un camino fijo a seguir, lo cuál es bastante bueno para los jugadores que no les gusta que les digan que hacer. Lo que es más, esto también da paso a otras actividades que no necesariamente tienen que ver con ayudar a la resistencia o salvar personas, como ir de casa o pescar para conseguir créditos, récords, dinero, y con este poder adquirir nuevas armas o personalizar a nuestro personaje. Lo único que quiere este título es darte una premisa vaga para que vos hagas lo que tengas ganas.

Las misiones se pueden taclear en solitario, o con amigos online que peleen a tu lado y te ayuden a descontrolar todo. Esto es el modo más rápido de mejorar tus puntuaciones, ayudar a los locales, y reirte con alguien de los momentos ridículos que surgen a medida que jugas. Sin embargo, en los momentos claves vas a estar solo y te las tenés que arreglar para derribar al culto con tus propias manos. Eso sí, vas a contar con el apoyo de varios especialistas que podrás rescatar, desbloquear y contratar a medida que juegues. Estos son soldados altamente entrenados controlados por la computadora que pelearán y morirán a tu lado, e incluyen desde personas dedicadas a la causa hasta un perro. Con tus aliados podés hablar y conocer más de Hope County, pero con el perro podés tocar cuadrado para acariciarlo, lo cuál es fantástico porque además de ser un gran aliado en combate, es adorable.

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Hasta ahora remarcamos mucho el caos y descontrol que podés desatar en Far Cry 5 (por ejemplo, hay misiones donde debés derribar aviones, hacer caer torres, limpiar campamentos y más), pero lo cierto es que tenés bastante libertad para jugar y hacer las cosas de modo diferente. El juego cuenta con algunas mecánicas de sigilo y es posible usar armas melée, o movimientos de combate para noquear a tus enemigos sin ser oído. También hay armas como el arco y flecha que te darán la posibilidad de bajar oponentes a distancia sin alertar a nadie por el ruido. Del mismo modo, tus aliados podrán copiar tu comportamiento y usar técnicas que no dejen al descubierto tu accionar. Si elegís entrar con un cuchillo y arco o una bazooka y dinamita, es asunto del jugador, y todo es válido.

Aunque la forma del juego sea bastante libre y no lineal, hay misiones obligatorias a realizar (que son todas espectaculares y de lo mejor del juego), y también un sistema de progresión para subir de nivel. No sólo vas a poder desbloquear diferentes armas, sino también subir tu vida, desbloquear herramientas como un gancho para moverte en vertical por estructuras anchas, o un paracaídas para llegar a donde quieras desde el aire. Lo otro que podés hacer es controlar vehículos que van desde autos a camionetas, aviones, lanchas y helicópteros que incluso podés comprar y personalizar. Estos incluso pueden ser llevados al modo arcade, que es un modo online que no impacta en el juego principal y se basa únicamente en el placer de lo mecánico del juego, sin impactar la historia pero que también te da recursos y mejoras para esta.

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Far Cry 5 es como una expansión de los momentos que pasabas fuera de la ciudad en GTA: San Andreas, por ejemplo. Si bien hay misiones, la gracia real del juego es simplemente dedicarse a recorrer, y ver qué tipo de situaciones se presentan. Con varias misiones guionadas, pero un sinnúmero de situaciones potenciales, búsquedas paralelas y todo tipo de momentos vas a tener horas y horas de juego que podés abordar como quieras. El setting es bastante innovador, y por más que los creadores juren que no es la intención, hay hasta algo de olor a política anti Donald Trump que le puede caer bastante simpático y catártico al latinoamericano, dado que estamos acostumbrados a que Estados Unidos sean “los buenos” y vengan a “liberar” a los demás pueblos.

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