Estados Unidos le cerró la puerta a las aspiradoras robot fabricadas en el exterior y la Roomba quedó adentro de la lista. Nadie tiene que desenchufar la suya: lo que se prohíbe es comercializar los modelos nuevos, no usar los que ya están. Acá te contamos qué cambia.

La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) sumó el martes 28 de julio los robots avanzados fabricados en el extranjero a su Lista de Equipos Cubiertos, el registro de dispositivos que no pueden recibir autorización para venderse en el país.
El anuncio se leyó como un golpe a los robots humanoides chinos. Pero cuando se mira la letra chica de la definición, el alcance real es mucho más doméstico: la medida se lleva puestas a las aspiradoras robot, incluida la Roomba.
Una aclaración que conviene hacer temprano, porque la palabra prohibición confunde: esto no es una orden de apagar nada. Las aspiradoras que ya están en las casas estadounidenses siguen funcionando, y las que hoy están en las góndolas se pueden seguir vendiendo.
Lo que se bloquea es la puerta de entrada. Ningún modelo nuevo fabricado afuera va a poder certificarse para venderse en Estados Unidos.
Por qué las aspiradoras robot quedaron prohibidas en Estados Unidos
La FCC no escribió la palabra aspiradora en ninguna parte. Lo que escribió fue una definición técnica de advanced robotic device que, sin nombrarlas, las atrapa a todas.
Según esa definición, entra cualquier robot autónomo controlado por software que perciba su entorno, se desplace por el piso, tenga conexión de datos (cableada o inalámbrica, de al menos 200 kbps) y pese más de dos kilos contando su base de carga. Es exactamente la ficha técnica de casi cualquier aspiradora robot que se venda hoy.
No es una lectura nuestra ni un análisis de terceros: Katie Gorscak, directora de relaciones con la prensa de la FCC, confirmó que la prohibición alcanza a las aspiradoras robot justamente porque encajan en esa definición.

Los apuntados directos son Roborock, Dreame y Ecovacs, las marcas chinas que hoy manejan el mercado. Pero el caso más incómodo es el de iRobot, la empresa estadounidense que inventó la categoría con la Roomba.
iRobot fabrica afuera y, desde enero de este año, tiene dueño chino: quedó en manos de Shenzhen Picea Robotics tras un Capítulo 11 que se llevó puesta a la compañía después de años de deudas y tarifas. La marca más estadounidense del rubro terminó del lado equivocado de una medida pensada para proteger a la industria estadounidense.
¿Qué robots alcanza la prohibición de Estados Unidos?
La normativa nombra dos categorías grandes: los robots humanoides y los cuadrúpedos, esos perros robot que se hicieron famosos en videos de demostración.
A ese grupo se suman los inversores eléctricos inteligentes, los equipos con conexión Wi-Fi, Bluetooth o red celular que se usan en instalaciones solares, centros de datos y sistemas de almacenamiento de energía. Y, por la definición técnica que ya vimos, las aspiradoras robot.

El golpe cae sobre sectores donde China no compite: directamente domina. En robots humanoides concentró cerca del 90% de los envíos mundiales del año pasado, con AgiBot, Unitree y UBTech como principales referentes.
En aspiradoras la historia es parecida, pero con volúmenes de otra escala. Durante 2025 se despacharon 24,12 millones de unidades en todo el mundo, un 17,1% más que el año anterior, según la consultora IDC. En ese mismo relevamiento, iRobot se cayó del top cinco global.
Y en inversores solares el principal fabricante internacional es Huawei, que ya venía en la mira de Washington. Por eso, aunque la FCC hable en general de dispositivos fabricados en el extranjero, la medida golpea sobre todo a industrias donde mandan las empresas chinas.

¿Por qué la FCC prohíbe estos robots?
La decisión se apoya en el dictamen de un cuerpo interagencial convocado por la Casa Blanca, que concluyó que estos dispositivos representan riesgos “inaceptables para la seguridad nacional de Estados Unidos o para la seguridad de las personas” del país, según la traducción del texto oficial.
El argumento es la conectividad. Un robot enchufado a internet que recorre una casa o una planta puede levantar información sensible, hacer tareas de vigilancia, ser manejado a distancia desde afuera o convertirse en la puerta de entrada de un ciberataque.
En el caso de las aspiradoras el punto es todavía más concreto, porque mapean el interior de la casa, muchas suman cámara y están permanentemente conectadas a la nube. Es la misma preocupación que llevó a China a impulsar su propio sistema de control sobre los robots, algo que ya contamos cuando apareció la idea de un DNI para robots humanoides.

¿Qué pasa con las aspiradoras robot que ya están en Estados Unidos?
Nada. La FCC aclaró que la medida no toca a los equipos que ya fueron autorizados ni al uso de los que la gente ya compró, y que los comercios pueden seguir vendiendo, importando y promocionando los modelos aprobados antes.
El freno es hacia adelante. Cada modelo nuevo fabricado fuera del país necesita la certificación de la FCC para entrar, y ahora esa puerta está cerrada, salvo que la empresa consiga una excepción caso por caso.
El catálogo actual, entonces, sigue en las góndolas estadounidenses. Lo que se congela es la renovación: las generaciones que venían.
¿La prohibición de las aspiradoras robot afecta a la Argentina?
No. La FCC regula el mercado estadounidense y su Lista de Equipos Cubiertos solo bloquea las autorizaciones para vender en ese país, así que la oferta local de aspiradoras robot no cambia por esta medida.
El efecto indirecto, en cambio, hay que mirarlo con el tiempo. Si el mercado más grande le cierra la puerta a los modelos nuevos, las marcas pueden repensar cuánto invierten en desarrollar la próxima generación, y eso sí termina llegando a todos lados.
La medida se suma a la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China

La prohibición se apoya en la estrategia de la administración de Donald Trump para levantar una cadena de suministro tecnológica enteramente estadounidense, y llega detrás de una lista larga de restricciones.
Washington ya había limitado el acceso de Huawei y ZTE al mercado local, restringido la venta de semiconductores avanzados a China y endurecido los controles sobre drones y equipos de telecomunicaciones. El antecedente más parecido a este es el de los routers fabricados en el extranjero, con el mismo mecanismo y el mismo argumento.
Desde Pekín salieron a rechazar la decisión y acusaron a Estados Unidos de estirar el concepto de seguridad nacional para castigar a las empresas chinas. La embajada china en Washington aseguró que su gobierno va a tomar “todas las medidas necesarias” ante cualquier acción que dañe sus intereses.
El contexto no ayuda: el cruce llega a semanas de una visita de Xi Jinping a Estados Unidos prevista para septiembre. Y es apenas el capítulo más reciente de una pelea que ya se metió en los chips, en las apps y en la inteligencia artificial, como pasó hace poco con Kimi K3, la IA china que preocupa a Estados Unidos.
Lo llamativo del caso es dónde terminó cayendo la frontera. Una discusión que arrancó por chips, drones y humanoides de fábrica hoy se juega en el living de una casa, abajo del sillón.
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