Con Mirage, Shadows y hasta la resincronización de Black Flag ya sobre la mesa, la pregunta pega más fuerte que nunca: ¿cuál es el mejor Assassin’s Creed de toda la saga? Rankeamos los 12 títulos principales, de peor a mejor, con datos de la crítica y nuestra propia mirada como jueces.

Assassin’s Creed es una de las franquicias más extrañas del mundo de los videojuegos. Bastardeada por su multiplicidad de entregas anuales y elogiada por sus numerosas innovaciones para mundos abiertos, combates, sigilo y aventura. Con más de 19 años a sus espaldas, un notable cambio de paradigma en las últimas entregas y una cantidad abrumadora de fanáticos alrededor del mundo, hay una pregunta que es realmente complicada de responder, pero que vamos a responder en este mismo artículo. Desde que armamos este ranking por primera vez, la saga sumó Assassin’s Creed Mirage (2023), Assassin’s Creed Shadows (2025) y la resincronización de Black Flag, así que actualizamos la lista de punta a punta. ¿Cuáles son los mejores videojuegos de Assassin’s Creed, ordenados de peor a mejor? Vamos.
Así quedó el ranking, de peor a mejor
12. Assassin’s Creed: un gran comienzo olvidable

La aventura de Altair nos encantó, dejemos eso en claro. Pateó el tablero con un mundo enorme en el que podíamos camuflarnos entre los ciudadanos para atacar con la emblemática hoja oculta, y propuso una jugabilidad vertical impulsada por movimientos de parkour para recorrer los techos de edificios, alcanzar la cima de la torre más alta de la ciudad y caer perfectamente en un carruaje de paja. La sensación de libertad se mezclaba satisfactoriamente con nuevas maneras de entablar la acción, el sigilo y la aventura en una historia magnífica que, además, introducía breves, pero potentes, secuencias de ciencia ficción a través de Desmond Miles.
11. Assassin’s Creed Mirage: el regreso al sigilo que dividió a la crítica

Después de tres entregas enormes centradas en el rol, Ubisoft probó el camino inverso con Assassin’s Creed Mirage: un juego más corto, más lineal y con foco total en el sigilo clásico, ambientado en la Bagdad del siglo IX. Basim, el protagonista, había aparecido como personaje secundario en Valhalla, y acá se convierte en el nuevo rostro de la Hermandad. La ciudad está muy bien recreada (esa Bagdad de mercados, minaretes y callejones es de lo mejor del juego) y el regreso a las mecánicas de sigilo puro, sin el peso del árbol de habilidades tipo RPG, achica el juego, pero le devuelve identidad.
El problema es que esa vuelta a las raíces no le alcanzó para convencer a la crítica: en Metacritic promedió 77 puntos en PC y PlayStation 5, lo que lo deja empatado con Syndicate como uno de los títulos peor puntuados de la saga, apenas por encima de Unity y Rogue. Varios análisis coincidieron en que la historia y los personajes secundarios quedaron a mitad de camino, algo que contrasta con lo sólido de su ambientación. Para quien extraña el Assassin’s Creed de sigilo puro previo a Origins, que hasta llegó a dispositivos móviles, sigue siendo una experiencia recomendable, aunque menor.
10. Assassin’s Creed 3: muchas ideas de poco impacto

Assassin’s Creed 3 fue para sus secuelas lo que Assassin’s Creed fue para la trilogía de Ezio. Un videojuego cargado de novedades, pero que no lograba asentarlas como sus antecesores. La historia de Connor nos llevaba a la Guerra de Independencia estadounidense de la década de 1770, con secuencias que introducían a varios próceres locales y muchísimos altibajos en el ritmo narrativo (su introducción de más de seis horas). No obstante, avanzó bastante en la interacción con el mundo. El protagonista podía escalar árboles con mayor agilidad, esconderse entre las hierbas, cazar y comandar navíos en cortas misiones de batallas navales, todos elementos disfrutables que se usarían como trampolín en los próximos lanzamientos.
9. Assassin’s Creed Syndicate: cargando el peso de su antecesor

En 2014 esperábamos con ansias ver de qué eran capaces las nuevas consolas PlayStation 4 y Xbox One, momento en el que Ubisoft nos deleitó con un tráiler espectacular de su nuevo Assassin’s Creed: Unity. Lastimosamente, el título salió con muchos errores técnicos y fueron pocos los que realmente disfrutaron de su premisa. Es por eso que, desde el vamos, Assassin’s Creed: Syndicate tiene mucho mérito, porque nos dejó un videojuego que hasta el día de hoy recomendamos. El carisma de los hermanos Frye y una hermosa Londres que coqueteaba con los avances de la revolución industrial fueron las bases para volcar el resto de fascinantes añadidos, como el garfio retráctil para potenciar la verticalidad de la saga, la posibilidad de reclutar miembros de peligrosas bandas londinenses y el foco en el combate cuerpo a cuerpo con nuevas maneras de pelear con los enemigos, alejadas de los repetitivos enfrentamientos de sus predecesores.
8. Assassin’s Creed Rogue: a la sombra de Unity

Assassin’s Creed: Rogue fue injustamente eclipsado por AC: Unity. El cierre de la historia de los Kenway es brillante, con una narración oscura que ponía en tela de juicio el accionar de los Asesinos. En su apartado jugable, demostró que la generación había tocado techo, aunque no por eso se privó de sumar algunas mecánicas destacables. Lo mejor estaba, una vez más, en los combates navales, que evolucionaron con un mundo que abría las dimensiones de sus mares, presentaba una mayor variedad de entornos para viajar (tropicales, urbanos, gélidos) y subía el desafío de los combates con la excusa de que Shay, el protagonista, era un Templario buscado a muerte por los Asesinos. El choque entre clanes impregnaba un clima de hostilidad en el mundo de AC: Rogue que no desaparecía en ningún momento: en tierra firme, acechaban Asesinos ocultos en la vegetación, y en la aventura marítima había que prestar atención a los icebergs, los cazarrecompensas y, por supuesto, a los piratas.
7. Assassin’s Creed Origins: una nueva etapa

Cuando la franquicia empezó a agotar su fórmula, Assassin’s Creed: Origins llegó para cambiar lo que conocíamos de la saga de asesinos. Una característica fundamental de Assassin’s Creed: Origins fue que le brindó al jugador uno de los mejores acercamientos a la historia de Egipto, con su más que conocida mitología. Faraones, reyes y reyes que se creían dioses en una historia que oscilaba entre la fantasía y la historia real como pocos videojuegos en la franquicia. El potencial de AC: Origins también se encontraba en su renovado sistema de combates (desechando el sigilo puro) donde los enemigos actuaban de manera impredecible para vencer al jugador, lo que requiere práctica, paciencia y un progreso rolero recién estrenado.
Por último, el mundo del antiguo Egipto, construido con la meticulosidad de Ubisoft de siempre, lograba ser más inmersivo que nunca a través del águila de Bayek, que resaltaba los puntos de interés cercanos, una mecánica que resignificaba el acercamiento al contenido secundario del mapa. Surcar el Mar Egeo, escalar la Pirámide Roja o conocer los secretos de la Ciudad de Menfis eran acciones impulsadas por esa águila que prometía que el mundo de AC: Origins estaba repleto de secretos esperando a ser hallados.
6. Assassin’s Creed Brotherhood: el nacimiento de la Hermandad

El segundo capítulo de la saga de Ezio Auditore continuó la historia de Assassin’s Creed 2, donde el Papa Borgia buscaba utilizar su poder para instalar la ideología de los Templarios en toda Roma. A partir de ahí, Ezio Auditore decidió crear un gremio de Asesinos, probablemente el mejor añadido de la franquicia. El protagonista iniciaría una inolvidable caza de Templarios a lo largo y ancho de la ciudad de Roma, y cuando necesitara ayuda, solo tenía que “chiflar” para que entraran en escena un grupo de peligrosos Asesinos que aniquilarían a sus oponentes: desde los tejados, en los carruajes de paja o sentados en la calle, los aliados estaban ahí, cuidándolo entre las sombras.
También se trató de un videojuego que pegó un salto en el apartado visual. Florencia, en Italia, era encantadora, pero no tan bella como Roma, donde los campos se extendían en tonos verdes y generaban un contraste con los amarillentos muros del Coliseo. Explorar las tierras romanas a caballo otorgaba mayor libertad que las calles florentinas. Los combates, además, recibieron una pizca de frenetismo a través de nuevas mecánicas de contrataque, que se asemejaban más a Batman Arkham que al último Assassin’s Creed del momento.

A partir de AC: Brotherhood cambió por completo el significado de la saga. También hay que mencionar que la trama de Desmond Miles elevó las vibras de ciencia ficción con la introducción de Juno y Minerva, diosas holográficas, uniones entre nombres provenientes de mitologías del pasado con tecnología del presente.
5. Assassin’s Creed Odyssey: el sistema RPG

Assassin’s Creed: Origins salpicaba algunos elementos propios del género RPG, pero su secuela, Assassin’s Creed: Odyssey, se aferró completamente a este. A partir de la expansión de dimensiones de los entornos que presentó AC: Origins, los mundos abiertos de la saga nos pedían a gritos que los exploráramos. Sin embargo, en AC: Odyssey esta característica se potenció con las opciones de diálogo y los múltiples finales. El impacto de nuestras acciones en el mundo recibía un peso nunca antes visto en la saga, mientras se pulían las mecánicas de combate que fueron tan relevantes en AC: Origins.
Por otro lado, la presencia de la más que conocida mitología griega sirvió como empuje para explotar los aspectos de fantasía que ya se asomaron brevemente en la última entrega. AC: Odyssey es una secuela espectacular que acrecienta los mejores aspectos de su antecesor para encaminar a la franquicia por el mejor lado posible.
4. Assassin’s Creed Shadows: el regreso a la forma que nadie esperaba tan pronto

Ambientado en el Japón feudal del período Sengoku, Assassin’s Creed Shadows le dio a la saga algo que le faltaba hace años: dos protagonistas jugables con estilos bien diferenciados. Naoe es una shinobi ágil, especializada en sigilo y parkour vertical; Yasuke es un samurái real de la historia japonesa, pensado para el combate frontal. Alternar entre ambos según la misión es de lo más interesante que probó la saga en su etapa RPG, y para quien quiera profundizar en su mundo abierto, ya escribimos una guía para encontrar todos los glifos Isu.
La recepción de la crítica fue mucho mejor de lo que Ubisoft venía acostumbrada: en Metacritic promedió entre 81 y 84 puntos según la plataforma, a la altura de Valhalla y bastante por encima de Mirage. Varios medios internacionales lo describieron como uno de los mejores juegos de la franquicia en años, destacando el nivel de detalle de un mundo con una investigación histórica notable, aunque señalaron que las misiones secundarias siguen siendo repetitivas y que el desarrollo de los personajes se queda corto frente a lo audiovisual. Lejos de ser un tropiezo, Shadows funcionó como la prueba de que Ubisoft todavía puede sorprender con la fórmula RPG que instaló Origins.
3. Assassin’s Creed 2: It’s me! Mario (Auditore)

Assassin’s Creed fue una revolución en muchos aspectos, pero la ciudad de Jerusalén, las misiones repetitivas y el aburrido personaje de Altair no podrían haber llegado muy lejos. Assassin’s Creed 2 es el videojuego que más se instaló en la cultura pop. Todos hablaban del carismático Ezio Auditore, Leonardo Da Vinci o el genial “It’s me! Mario! (Auditore)”. Sin embargo, también fue un videojuego que plantó las bases para entregas posteriores, con atalayas que requerían una escalada más estratégica para expandir la visión del mapa, un combate que variaba según las armas, la posibilidad de cambiar las vestimentas y sus colores, un taller para mejorar el equipamiento y la chance de explorar el mundo con misiones secundarias desligadas de la trama principal.
2. Assassin’s Creed Black Flag: el mejor videojuego basado en la Edad de Oro de los Piratas

Lo que Assassin’s Creed 3 asomó tímidamente fueron los principales motivos por los que Assassin’s Creed: Black Flag fue un videojuego tan logrado. La posibilidad de subirnos a un navío para surcar los mares en busca de tesoros es un aspecto de la piratería que AC: Black Flag presentó con éxito, pero es apenas una parte de todo el conjunto, porque también nos trajo el mapa más grande de la franquicia hasta la fecha, con regiones naturales, zonas urbanas, islas desiertas y enormes fortificaciones que atacaban a todo el que se acercara a sus puertas sin permiso.
La navegación evolucionó a partir de AC 3 con un énfasis en el barco, completamente mejorable a través de la campaña. Los combates en altamar también podían ser interceptados por piratas o por las mismas autoridades que buscaban ponerle fin a nuestras fechorías, lo que nos mantenía alerta todo el tiempo, salvo cuando nuestros borrachos pasajeros cantaban alguna canción para que el viaje fuera más llevadero.

Assassin’s Creed: Black Flag sigue siendo el mejor videojuego basado en la Edad de Oro de los Piratas, así como un excelente Assassin’s Creed. Esa ferviente búsqueda de tesoros, objetivo vital en la vida de los piratas, es lo que llevaría a nuestro protagonista a encontrar un objeto nuclear para la trama de Asesinos contra Templarios, dando pie al desenlace de la historia de la familia Kenway.
Y si hacía falta más prueba de que Black Flag sigue siendo un pilar de la saga, la tuvimos este mismo mes: el 9 de julio de 2026 salió Assassin’s Creed Black Flag Resynced, el remake de Ubisoft Singapore para PC, Xbox Series X|S y PlayStation 5. En Metacritic promedió 84 puntos, lo que lo convierte en el cuarto juego mejor puntuado de toda la saga y en la entrega mejor recibida por la crítica desde el Black Flag original. En nuestra review de Assassin’s Creed Black Flag Resynced lo calificamos con cuatro estrellas sobre cinco: mantiene todo lo que hizo grande al original, mejora el rendimiento y las visuales, y confirma que la Edad de Oro de la Piratería sigue siendo el mejor disfraz que se puso jamás la saga. Podés ver todos los detalles en la página oficial del juego.
1. Assassin’s Creed Valhalla: el videojuego que sabe lo que es Assassin’s Creed

Llegamos. Assassin’s Creed: Valhalla, entrega que salió a la venta pocos meses después de un anuncio que pasó sin penas ni glorias, reúne todo lo que la saga hizo bien a lo largo de tantos años, y sin tropezarse en nada. El jugador se pone en la piel de Eivor, una vikinga en busca de alianzas en una región inglesa sumergida en conflictos políticos crecientes que involucran a peligrosos bandos templarios. Su narrativa se desarrolla con un ritmo magistral mientras se conocen personajes históricos con los que generar una alianza y se salpican secuencias fantasiosas basadas en los épicos relatos de la mitología nórdica, sin afectar por completo la realidad de la protagonista y el mundo que la rodea.
En paralelo, Assassin’s Creed: Valhalla solapa la trama de ciencia ficción que más se asemeja a la narrativa de Desmond Miles, con una carrera a contrarreloj para conocer la historia de los antepasados de la protagonista mientras surgen peligrosos intereses que ponen en peligro a la humanidad.

Assassin’s Creed: Valhalla es un videojuego que recuperó muchos de los elementos que en algún momento fueron esenciales en la saga. El jugador puede entablar las misiones con sigilo o acción, y mejorar las habilidades que crea necesarias para eso; puede convocar a su “Hermandad” de vikingos haciendo sonar un cuerno, y también cuenta con la posibilidad de cazar animales de distintas especies para generar nuevos materiales.

El género RPG se instaló con mucha más fuerza que en AC: Odyssey, pero tampoco pone restricciones a la libertad de exploración o enfrentamientos como en AC: Origins, con distintos árboles de habilidades (muy, muy extensos) que ayudan a potenciar nuestro estilo de juego, sigilo, acción o híbrido.
Sin embargo, si hay algo que AC: Valhalla hizo perfecto es su mundo. Inmenso, visualmente precioso y sin contenido de relleno. El jugador despliega el enorme mapa de Inglaterra, pero solo se encuentra con luces que representan las cosas que hay para hacer. Puede ser un NPC con una historia dramática o bizarra, una aventura peligrosa, un tesoro escondido en una cueva, un animal legendario o una fortificación enemiga repleta de objetos para vender en la tienda. El sigilo, la acción, la aventura y la exploración del mundo de Assassin’s Creed: Valhalla alcanzó el punto más alto de calidad en todos estos años de la saga. Es, para nosotros, el mejor Assassin’s Creed.
¿Cuál es el mejor Assassin’s Creed? Nuestro veredicto final
12 juegos, casi 20 años de historia y una pregunta que en CulturaGeek respondemos así: Assassin’s Creed Valhalla es el mejor Assassin’s Creed de la saga, aunque Black Flag y su remake le pelean el trono de cerca. La franquicia todavía tiene juego para rato: Ubisoft ya adelantó que Ezio podría regresar en Assassin’s Creed Hexe, así que esta lista va a seguir actualizándose a medida que la saga sume nuevas entregas.
Preguntas frecuentes sobre el ranking de Assassin’s Creed
¿Cuál es el mejor Assassin’s Creed de toda la saga?
Según nuestro ranking, Assassin’s Creed Valhalla es el mejor de la saga: recupera todo lo que funcionó en las entregas RPG anteriores (Origins y Odyssey) sin caer en el relleno, con el mundo abierto más pulido de toda la franquicia. Black Flag y su remake, Black Flag Resynced, le siguen muy de cerca.
¿Cuál es el Assassin’s Creed peor valorado por la crítica?
Assassin’s Creed Unity sigue siendo el más castigado por los errores técnicos de su lanzamiento, seguido de cerca por Assassin’s Creed Rogue y Assassin’s Creed Mirage, que en Metacritic promedia 77 puntos, uno de los puntajes más bajos de toda la saga.
¿Vale la pena jugar Assassin’s Creed Black Flag Resynced si ya jugué el original?
Sí. El remake conserva la esencia del Black Flag de 2013, pero mejora el rendimiento, las visuales y algunos ajustes de jugabilidad. En Metacritic promedió 84 puntos, la mejor recepción de la saga desde el juego original, aunque no incluye el spin-off Freedom Cry ni tiene modo multijugador.
¿En qué orden se puede jugar la saga Assassin’s Creed?
Cada trilogía funciona de forma bastante independiente en términos de historia, así que no hace falta jugar todo en orden cronológico. Si sos nuevo en la saga, Assassin’s Creed Origins es un buen punto de entrada moderno, mientras que Assassin’s Creed 2 sigue siendo la puerta clásica hacia la Hermandad.
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