Entre las 81 cargas que subieron juntas en el mismo cohete, había un satélite que no se parece a ningún otro que haya puesto en órbita SpaceX: no tiene paneles solares, no depende del sol para funcionar, y adentro lleva una fuente de energía nuclear que hasta ahora ninguna empresa privada había conseguido subir al espacio.

SpaceX lanzó el 7 de julio de 2026 el primer satélite nuclear comercial del mundo, como parte de la misión Transporter-17, un rideshare que despegó desde la base de Vandenberg, en California, con 81 cargas útiles a bordo. Una de ellas es BOHR (Betavoltaic Orbital High-Reliability), un CubeSat desarrollado por la empresa estadounidense City Labs que funciona con una batería nuclear en vez de paneles solares. Es un hito puntual, pero importante: nunca antes una compañía privada había recibido autorización para lanzar una misión con material nuclear a bordo con fines puramente comerciales.
Satélite nuclear SpaceX: qué es BOHR y cómo funciona
BOHR usa la plataforma NanoTritium de City Labs, una batería betavoltaica que convierte en electricidad la desintegración radiactiva del tritio. El principio recuerda un poco al de los generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) que llevaron las sondas Voyager, pero la tecnología es bien distinta: en vez de aprovechar el calor que libera la desintegración, la batería betavoltaica capta directamente las partículas beta con un semiconductor y las transforma en corriente eléctrica. Además, el tritio emite muchísima menos radiación que el plutonio de los RTG clásicos, lo que la vuelve más manejable para un lanzamiento comercial estándar.

La autorización de la FAA que hizo posible el lanzamiento
Que un satélite nuclear comercial llegue a la plataforma de lanzamiento no fue algo automático. Según el comunicado oficial de City Labs, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) le dio a la misión BOHR su autorización de carga útil el 30 de septiembre de 2025, bajo el marco regulatorio del Memorando de Seguridad Nacional Presidencial 20 (NSPM-20). Fue la primera vez que una misión comercial atravesó con éxito ese camino de aprobación para lanzar material nuclear, con una revisión técnica independiente a cargo de los Laboratorios Nacionales Sandia.
“Este es un paso histórico para la energía nuclear comercial en el espacio. BOHR demuestra que los sistemas de energía nuclear seguros, compactos y aprobados regulatoriamente están listos para un despliegue comercial de rutina. Esta capacidad habilita operaciones de carga útil persistentes y siempre activas, que no están condicionadas por la luz solar ni por la vida útil de la batería” (traducción propia), afirmó Peter Cabauy, CEO de City Labs, en el comunicado oficial de la empresa.
El lanzamiento en sí también dejó números grandes: Transporter-17 despegó a las 3:12 de la madrugada (hora del Pacífico) con un Falcon 9 que llevó 81 cargas de clientes de al menos cinco países distintos, entre CubeSats, microsatélites y vehículos de transferencia orbital. El despliegue de todas las cargas arrancó unos 50 minutos después del despegue, y el primer nivel del cohete volvió a aterrizar en un dron marítimo en el Pacífico. Con esta misión, SpaceX superó la barrera de las 1800 cargas acumuladas transportadas bajo su programa de rideshare, algo que también viene apuntalando el crecimiento de la competencia entre SpaceX y otros jugadores del negocio satelital, como Amazon y Blue Origin.
La diferencia frente a los satélites de comunicaciones más conocidos de SpaceX, como los de la red Starlink que ya usan miles de personas en Argentina, es justamente la fuente de energía: esos satélites dependen de paneles solares, con todo lo que eso implica en términos de vida útil y de exposición a fallas (de hecho, ya hubo casos de satélites Starlink que explotaron en órbita sin que se supiera bien por qué). Una fuente de energía nuclear como la de BOHR no depende de la luz del sol ni tiene ese punto débil, aunque por ahora solo se probó en una misión de demostración a pequeña escala.
¿Para qué sirve un satélite con energía nuclear?
La independencia del sol abre usos que hoy son imposibles o muy difíciles con energía solar: misiones de espacio profundo, sensores que tienen que operar en redes autónomas durante mucho tiempo sin mantenimiento, y sobre todo las regiones permanentemente en sombra de los polos lunares, justo donde la NASA planea instalar bases del programa Artemis. Ahí, sin luz solar directa durante semanas enteras, una batería nuclear compacta como la de BOHR podría terminar siendo la diferencia entre un equipo que sigue funcionando y uno que se apaga.
¿Es peligroso el material radiactivo del satélite BOHR?
Según City Labs, no: el tritio que usa la batería NanoTritium opera a niveles de radiación extremadamente bajos, muy por debajo de los del plutonio que usan los RTG tradicionales, y está diseñado específicamente para ser seguro de manipular, transportar e integrar en un lanzamiento comercial estándar. Esa es, de hecho, la razón por la que la FAA pudo aprobarlo bajo un marco regulatorio pensado para minimizar riesgos.
¿Qué es exactamente el satélite BOHR?
Es un CubeSat (un satélite miniaturizado, del tamaño de una caja de zapatos) desarrollado por la empresa City Labs, y funciona como misión de demostración tecnológica: su objetivo es probar en órbita real la plataforma NanoTritium antes de escalarla a misiones más grandes o de mayor exigencia energética.
Por ahora BOHR es apenas un experimento a bordo de una misión compartida con otras 80 cargas, sin ninguna aplicación inmediata más allá de demostrar que la tecnología funciona en el espacio real. Pero si los resultados son los esperados, es la clase de avance que puede terminar redefiniendo cómo se diseñan los satélites que necesitan operar durante años sin ver el sol.
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