Avatares digitales, chatbots y voces recreadas con IA forman parte del llamado death tech, una tendencia en crecimiento que permite interactuar con personas fallecidas.

La inteligencia artificial avanza a un ritmo vertiginoso y cada vez suma más usos en la vida cotidiana. Uno de estos, tal vez el más inquietante, es el llamado death tech: tecnologías capaces de recrear digitalmente a personas fallecidas para que sus seres queridos puedan “interactuar” con ellas. Desde chats que simulan conversaciones hasta avatares digitales 3D realistas, esta tendencia abre una nueva forma de vínculo con quienes ya no están… y también plantea dilemas difíciles de ignorar.
¿Qué es el “death tech” y cómo funciona?
El término engloba distintas herramientas vinculadas a la llamada “vida digital después de la muerte”. Dentro de este universo aparecen los llamados grief bots o death bots: representaciones digitales de personas fallecidas creadas con inteligencia artificial.
Estos sistemas utilizan materiales reales del individuo —mensajes, audios, videos, fotos o publicaciones en redes sociales— para entrenar modelos capaces de imitar su apariencia, forma de hablar, personalidad e incluso su tono y gestualidad.

El resultado puede adoptar múltiples formas: desde chatbots que responden como esa persona o asistentes de voz que replican su manera de hablar, hasta avatares digitales o incluso hologramas con apariencia humana, muchas veces accesibles desde dispositivos portátiles similares a un Tamagochi moderno. También existen plataformas interactivas que permiten “conversar” en tiempo real con el fallecido.
A diferencia de un simple video o recuerdo estático, estos sistemas generan respuestas nuevas y se adaptan a lo que dice el usuario, lo que crea la sensación de una presencia activa.

¿Para qué se usan?
El principal objetivo de estas herramientas es emocional: ayudar a procesar el duelo. Muchas personas las utilizan para revivir conversaciones pendientes, mantener un vínculo simbólico con quien murió o volver a escuchar su voz y sus historias, encontrando cierto consuelo en momentos de pérdida. Incluso ya existen plataformas que permiten a una persona grabar su propia “versión digital” en vida, con la idea de que familiares puedan interactuar con ella en el futuro.
El avance del death tech y los debates que genera
Lo que empezó como experimentos aislados se está convirtiendo en un nuevo sector tecnológico. Startups de todo el mundo ya ofrecen servicios para “recrear” a personas fallecidas a partir de datos mínimos, e incluso prometen versiones cada vez más realistas, como StoryFile y Hereafter AI.

Sin embargo, esta industria en crecimiento también plantea complejas cuestiones éticas y legales: el consentimiento de la persona fallecida para ser recreada, el uso de sus datos personales, la comercialización del duelo a través de servicios pagos y la posible dependencia emocional de los usuarios con estas versiones digitales.
Uno de los principales debates es el impacto psicológico. Algunos especialistas advierten que interactuar constantemente con una versión artificial de un ser querido podría dificultar el proceso natural del duelo, al impedir aceptar su ausencia. También existe el riesgo de distorsionar la memoria, ya que estas IA pueden generar respuestas o recuerdos que nunca existieron, mezclando lo real con lo artificial.
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