Mis muertos tristes, la miniserie argentina-chilena dirigida por Pablo Larraín y basada en los cuentos de Mariana Enríquez, llega a Netflix esta semana. ¿Qué dice la crítica?

Poco después de que Stephen King recomendara Mis muertos tristes, la nueva miniserie argentina-chilena de Netflix tuvo su estreno mundial en el Festival de San Sebastián y comenzó a recibir sus primeras críticas. Y aunque la crítica no está siendo completamente unánime, varios especialistas destacaron su propuesta visual, el trabajo de Mercedes Morán y la manera en que la serie combina el terror sobrenatural con temas como la violencia, la desigualdad y la memoria.
¿De qué trata Mis muertos tristes?
Basada en los cuentos de la escritora argentina Mariana Enríquez y dirigida por el cineasta chileno Pablo Larraín, Mis muertos tristes sigue a Ema (Mercedes Morán), una médica recién jubilada que puede ver a los muertos. Después de la muerte de su madre, intenta procesar el duelo mientras convive con un don que durante años aprendió a mantener bajo control.
Su vida cambia con la llegada de su sobrina Julie (Carolina Álvarez), quien también puede comunicarse con los muertos, aunque de una manera mucho más intensa. Al mismo tiempo, el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena, un barrio atravesado por la violencia, desencadena un fenómeno extraño que rompe el frágil equilibrio entre vivos y muertos.
La miniserie toma como punto de partida el cuento Mis muertos tristes, de Mariana Enríquez, pero incorpora elementos y personajes de otros relatos de la autora, entre ellos Julie, Un lugar soleado para gente sombría y Cuando hablábamos con los muertos.
El elenco principal está encabezado por Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez. También participan Carlos Portaluppi, Germán de Silva y Luz Jiménez.
La dirección está a cargo de Pablo Larraín, mientras que el guion fue desarrollado por Mariana Enríquez, Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y el propio Larraín. La producción está a cargo de Fábula y K&S Films.
La ficción se filmó entre Buenos Aires y Santiago de Chile y llegará el 24 de septiembre a Netflix como una miniserie de cuatro episodios. Antes de su estreno en streaming, tuvo una presentación especial en San Sebastián como un largometraje de 187 minutos.

¿Qué dice la crítica sobre la miniserie?
Las primeras reseñas muestran una recepción mixta, aunque con varios elogios. Uno de los puntos que más se repite es la capacidad de la serie para combinar el terror sobrenatural con problemáticas sociales y familiares.
Desde OtrosCines, Diego Batlle destacó el desafío de llevar al audiovisual el universo sobrenatural de Mariana Enríquez y valoró varias de las decisiones de Pablo Larraín. La crítica señala que los largos planos secuencia realizados con steadycam y la fotografía de Sergio Armstrong, que se aleja de los colores brillantes asociados a Netflix para apostar por tonos “más apagados, opacos y desaturados”, hacen que el resultado sea “más que interesante”.
Sin embargo, Batlle también encuentra algunos problemas en la manera en que la serie construye su mundo. Según la crítica, por momentos la interacción entre los vivos y los muertos, así como la representación del barrio Piedrabuena, “cae en ciertos subrayados”, como si se buscara explicar demasiado al público. En ese sentido, considera que algunas sutilezas y matices presentes en la literatura de Enríquez se pierden en la adaptación.
En su balance, Batlle sostiene que, aunque por el nivel del proyecto esperaba quedar todavía más entusiasmado, Mis muertos tristes “se desmarca de los lugares comunes de la factoría Netflix” y ofrece “sólidos atributos artísticos”. La crítica destaca especialmente el universo de personajes, las relaciones tóxicas, la violencia sistémica y una atmósfera cada vez más inquietante.

Por su parte, Micropsia destaca que, aunque Mis muertos tristes puede resultar “narrativamente irregular y un tanto caprichosa en algunos de sus giros dramáticos, logra retratar muy bien un escenario en el que la vida y la muerte conviven permanentemente”.
La crítica también señala que la serie va más allá del terror y funciona como un “cuento macabro sobre lo que pasa cuando las condiciones sociales, políticas y económicas llevan a las personas al límite”, con personajes que pierden la noción de la realidad en medio de la angustia y la desesperación.

Cinemanía, por su parte, pone el foco especialmente en Mercedes Morán, a quien define como “absolutamente sublime” en el papel de Ema. La crítica destaca su trabajo como protagonista y “catalizador narrativo”, además de su ironía, sus diálogos y el particular humor de un personaje atravesado por el hartazgo y el desencanto.
La reseña también sostiene que Mis muertos tristes “trasciende los relatos de fantasmas y el terror para conformar la que es en realidad una triste historia de los vivos que olvidan, abandonan y descuidan”. En lugar de apostar por sobresaltos constantes, la serie construye “una tensión que se desarrolla poco a poco, una mirada que genera incomodidad y que habla de la crudeza de la vida desde la muerte”. Para Cinemanía, la miniserie “exige compromiso, paciencia y pensamiento crítico, y no nos queda otra que llamarlo terror elevado”.

Fotogramas tiene una mirada algo más crítica sobre la propuesta. La reseña considera que la historia “comienza siendo cautivadora e intrigante, pero también bastante fría”, un rasgo que, según el medio, suele aparecer en el cine de Pablo Larraín. La crítica también agregó: “Lo que en papel resulta evocador y enigmático, en televisión no logra el mismo resultado”.
El Mundo pone el foco justamente en la estructura de la serie y en la manera en que Pablo Larraín decide contar esta historia. Según la crítica, Mis muertos tristes está construida de forma episódica “solo pendiente de crear un ambiente, de provocar una ansiedad, de introducir al espectador en un estado de ánimo entre la indignación, el miedo y la simple ternura”.
El problema, para la reseña, es que esto ocurre en detrimento de una narrativa “completamente errática, algo caprichosa y plagada de bellos accidentes que, en puridad, se agotan en sí mismos sin conducir a lugar alguno”.

Más allá de las diferencias entre las primeras reseñas, hay un elemento que aparece de manera recurrente: la serie no utiliza el terror solamente para generar miedo, sino que lo combina con cuestiones como la violencia, el abandono, los vínculos familiares y la memoria. Esa combinación está directamente relacionada con el universo literario de Mariana Enríquez, que Larraín buscó trasladar a la pantalla junto con la propia escritora.
Mis muertos tristes llegará a Netflix el 24 de septiembre de 2026 con sus cuatro episodios.
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