Jonathan Nolan, director creativo de grandes franquicias, cuenta cómo es trabajar para la misma empresa, pero con objetivos diferentes.

Es posible que nadie entienda mejor cómo convertir un videojuego en entretenimiento que Jonathan Nolan. El productor ejecutivo y director de algunas entregas de Fallout, reunió al equipo perfecto para capturar el tono oscuro pero peculiar de los juegos postapocalípticos de mundo abierto de Bethesda. Próximamente, llevará su talento nuevamente a la televisión y estará a cargo de otra franquicia propiedad de Bethesda con una atmósfera muy diferente y más controversial, Wolfenstein.
Jonathan Nolan y la caja chica
“Con Wolfenstein , nos asociamos con Patrick Somerville, un genio y un showrunner brillante”, comenta Nolan a Polygon en su ultima entrevista. “Tenemos muchísima suerte. Lo importante son estas colaboraciones y trabajar con gente excepcional. Patrick está trabajando duro, y estoy muy emocionado por esta serie”.
En 2014, la franquicia recibió una importante renovación con Wolfenstein: The New Order, de MachineGames y Bethesda, que se adentra en una versión alternativa de la década de 1960, donde los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial. Tras su éxito, se lanzó una secuela directa, Wolfenstein II: The New Colossus en 2017 y trasladó la acción a una América ocupada por los nazis.

Una historia más lineal y directa que en Fallout
Wolfenstein resulta más restrictivo a la hora de hablar de su trama y aunque aún desconocemos de qué va a tratar, parece más probable que Somerville adapte directamente las historias de New Order y New Colossus que las historias de los primeros juegos de los ‘80. Pero eso no le resta interés a la serie para Nolan, quien creció en Inglaterra y siempre estuvo fascinado por la Segunda Guerra Mundial y los rápidos avances tecnológicos que definieron esa época.
“Con Wolfenstein, se vive un período increíble: más allá de todo lo demás, el mundo se mueve”, dice. “Se siente como si estuviéramos ahora mismo, pero aún más, como si estuviéramos avanzando a toda velocidad. Si observamos el mundo antes de la Segunda Guerra Mundial y el mundo después, la velocidad del cambio es asombrosa”.
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